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La Plaza de Armas, es fiel testimonio de las vicisitudes
experimentadas por la ciudad, antes denominada de la Constitución o 2 de abril. Y es que este sitio a escasos 300 metros del
torreón fundador que recoge, en la definición de Pedro Garfias, el ancho aliento del pueblo, se fundo en 1905, solo dos años
antes de que la villa encarara el futuro como ciudad. El quiosco, que exorna el centro de la plaza, han escuchado, durante
décadas, el ritmo marcado por la banda municipal. Las bancas han sido cómplices de conversaciones de remota estirpe, de conversaciones
donde, es evidente, se trazaba el rostro del Torreón primero, de esa fortaleza apenas insinuadas como ciudad en el umbral
del siglo. El sabino del Río Nazas, en el cruce de la Juárez y Valdés Carrillo, es un monumento natural, un hecho vivo que
ha presenciado historias de entusiastas ciudadanos, de empeñosos laguneros. Este sabino, además, es el responsable de que,
en un espectáculo que no tiene parangón en la República , las parvadas de chanates, los ejércitos de chileros vitalicen con
su grito el monótono transcurso de un tiempo que en la plaza aprende a dilatarse hasta lindar, sólo a través del sentido que
late en cada banca antigua, con el territorio donde la eternidad plantó su primer árbol.
Si consideramos que la Plaza de Armas funge como corazón del centro de la ciudad,
su principal arteria es, sin duda, la avenida Morelos.
Su trascendencia está en función de los órganos vitales centros sociales, tiendas,
hoteles que anima.


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